Un acólito. Un aprendiz. Mi cara demostraba que ni se me había pasado por la cabeza. Jamás pensé que fuera a educar a alguien en mi trabajo.
- Este es Deved, su número de asignación ha sido mandado a la protocolaria. Pasará a formar parte de vuestro equipo. Deberá ser instruido en sus artes para un futuro cercano actuar con independencia.
Deved no dijo nada, nos miraba con temor. Pensaba que éramos veteranos asesinos. ¿Qué clase de persona nos miraría con agrado?.
- Pasemos a ver su cometido. El objetivo 995. A las 23:00h. tienen una reunión con el comité que promovió la censura de vuestro objetivo. Quieren explicarles la importancia d este objetivo. Saldrán a las 00.00 horas, en un aero-tren que les dejará en Nagake H10, lo más cerca posible de la frontera con Tres Reyes. Indicarles que dicha frontera es un conjunto de ruinas, por donde deberán avanzar hasta localizar al objetivo, no creo que sus facultades tenga problema alguno para ello. ¿Alguna pregunta?. Si no hay ninguna pregunta, deben dirigirse al distrito Concordia donde les esperan para aclarar puntos sobre este individuo. Recojan el material, un vehículo les espera a la salida.
Cada uno cogió dos mochilas y nos pusimos en camino, Aen estaba curiosa por el recién llegado, mientras Taliok solo pensaba en que sería un lastre. Deved asustado no encontraba una explicación al porque estaba allí, con nosotros.
- Adelantaros. –indiqué a mis amigos.
Deved se paró en seco me contempló. Era un chico bajo, no muy fuerte, ni tampoco muy espabilado. Era perfecto para ser un recolector. Pasaba desapercibido y eso era fundamental.
- No debes asustarte amigo. Ahora mismo estarás perdido como yo lo estuve en mi día. Pero piensa en la suerte que tienes. Yo aprendí esto solo, jugándome la vida en cada misión y aun hoy sigo sin conocerlo todo.
- Gracias Señor por sus palabras.
- Esto es un grupo y debes de remar con nosotros, hazlo y todo irá bien. Aprenderás mis secretos que no son muchos y cuando tu cuerpo reaccione verás lo que yo veo y escucharás lo que nadie escucha.
- Fui instruido en el Educatorium para ello Señor. Era el mejor.
- Entonces ya eres incluso mejor que yo. Corre y únete a Taliok y Aen, estarán deseando preguntarte sobre todo.
- Si, Señor.
El chico salió corriendo, mientras pensaba que no era tan duro como mi aspecto aparentaba. Pobre, dejándose llevar por apariencias.
El viaje hasta Concordia me pareció corto. Sin embargo mis compañeros habían comenzado a dialogar fluidamente sobre el Educatorium, los comienzos. Intenté unirme a la amena charla, pero un sentimiento se adueñó de mi.
Era odio, era crueldad. A cada metro que avanzábamos crecía más y más. El transporte descendió entre los edificios cúbicos de pálido aspecto. Ante nosotros la Catedral se alzaba imponente. A sus pies cerca del puerto un joven inquisidor nos esperaba con un gran dossier bajo el brazo.
- Bienvenidos, acompañadme al edificio de reunión.
Cruzando el puerto en sentido contrario a la Catedral un pequeño edificio de dos plantas nos esperaba. El grupo estaba más calmado ante la nueva adquisión. Pero yo sentía que alguien se acercaba a nosotros y lo que era más inquietante. No podía leer nada en él.
Un grupo de mendigos esperaba a la entrada del edificio de reunión. Uno de ellos se acercó al inquisidor;
- Denos una ayuda…
- ¡Apartad imbéciles!, no molestéis a los invitados.
- Señores una ayuda. – se abalanzaron otros sobre el grupo. Una anciana agarró mi mano y caí en trance. Su vida ante mi, las humillaciones que sufrió, el estado de salud tan malo que tenía hoy día, sus súplicas de cifra a cada persona que veía. Su angustia por la muerte. Taliok nos separó y casi caigo al suelo. La sensación de mareo era intensa. Ella dijo alto y claro mientras el Inquisidor la golpeaba con un bastón que escondía bajo sus ropajes oscuros;
- Tú que ves más allá de la luz, ilumíneme. Señor sé que lo ha visto, ¡ilumíneme!
- ¡Malditos locos!. –añadió Taliok.
- Atrás blasfemos, como os atrevéis a pedir luz a un humano, el Dios Banca ajustará vuestra cuenta. ¡Fuera de aquí!. – el inquisidor soltó la mano con velocidad mientras huían como podían.
- ¿Está bien?.- me preguntó Aen preocupada.
- Si, tranquilos, continuemos. No debemos detenernos. –mientras hacía gestos para que se alejaran.
Podía estar loca o no, pero aquella anciana había descubierto lo que era. Ella misma había sufrido en sus carnes el odio que presentía a mi alrededor. Y cada vez estaba más cerca y era más intenso. Cada vez me parecía más complicado el objetivo.
Nunca había tenido tanta preparación. Nunca hubo tales fuerzas detrás de mis encargos. Mal día para comenzar mi objetivo 995.

¿Deben confiar en el nuevo miembro del grupo, el acólito Deved?
¿Qué o quién generará ese sentimiento de odio?